martes, abril 23, 2019

Salmo 119:9-16 (2)


9 ¿Blanquearía el joven los caminos de su vida?
¡Claro que sí! Guardando tu Palabra.
10 Buscarte con todo me he propuesto
No permitas que me desvíe.
11 Bien grabados en mi mente
están tus dichos,
pues no quiero pecar contra Ti.

12 ¡Bendito eres Señor!
Enséñame tus decretos.
13 [mi] Boca anuncia
todos los juicios de tus labios.
14 Bonanza y alegría me dan tus testimonios,
¡Más que todas las riquezas!

15 Buscaré tus caminos,
Meditaré en tus preceptos.
16 Bienestar y deleite encuentro en tus decretos,
No olvidaré tus palabras.

En esta sección del salmo cada versículo es encabezado por la letra bet (ב) y que he replicado en castellano usando la letra "b". Se agregan dos palabras al catálogo que ya he mencionado (Palabra del Señor, testimonios, preceptos, decretos, mandamientos, juicios) y estas las he traducido como: 'palabra' y 'dicho'. El salmista se mantendrá usándolas constantemente durante todo el salmo, manteniendo cierta consistencia dentro de la estructura poética; consistencia que, en cierto modo, quiero mantener. Cuando traduces con el propósito de replicar el acróstico tienes varias limitaciones: el catálogo de palabras se reduce, a veces terminamos con frases ajenas al uso común del lenguaje (aunque válidas en poesía), y la traducción resulta más dinámica que funcional o literal (ojo: el significado se mantiene, nunca debe comprometerse).

Ya has visto que en los primeros ocho versículos el salmista expresa su deseo de enfocarse en la Palabra, de recorrer el camino de los mandamientos, de asegurar que Dios bendice a los que lo hacen, pero en esta segunda sección el deseo se transforma en decisión y acción, confirmado por su lenguaje proactivo (ver vs. 10, 11, 13, 15, 16), que va en dos direcciones:
(1) la razón por la que ha decidido accionar (v. 11 «pues no quiero pecar contra Ti»; v. 16 «No olvidaré tus »)
(2) y pidiéndole a Dios su respaldo (v. 10 «No permitas que me desvíe»; v. 12 «Enséñame tus decretos»)

El versículo 11 es una joya, y ha sido memorizado por generaciones (casi todos lo conocen en la versión Reina-Valera 60: «En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti»), traducido literalmente del hebreo sería algo como:
 «en mi mente ['corazón'] he escondido ['atesorado'] tu dicho,
de modo que no peque contra Ti.»


La mente se transforma en un cofre en donde atesoras lo que Dios ha dicho, se ha limpiado el cofre para que solo tenga espacio para la Palabra de Dios y así, en el momento de la tentación o que el pecado te presiona, lo que salga de manera natural sean sus mandatos, sus preceptos, sus decretos. Conecta perfectamente con lo que dice Jesús (¿quizás con este salmo en mente?):
«El hombre bueno, saca lo bueno del buen tesoro de su corazón
El hombre malo, saca lo malo del mal tesoro de su corazón; 
porque de la abundancia del corazón habla la boca.»
Lucas 6:45 RVC

¿Qué sale de naturalmente de ti cuando te sientes la presión del pecado?
¿Qué sacas de tu "corazón" cuando llega el momento de la tentación?
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
Bajo Licencia Creative Commons
Foto cortesía de Hebrew Calligrapher

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