miércoles, diciembre 12, 2018

Solté

Era el 5 de marzo del 2012, llegué a casa cargado por como iban las cosas, como iglesia estábamos atravesando por lo que un predicador hace años había llamado "La Tierra del Medio", un desierto espectacular del que no veíamos salida. Intentamos todo lo que podíamos, movimos todo lo que se era movible, cambiamos no se cuántas cosas... pero nada pasaba. Creo que ningún entrenamiento pastoral te prepara para ese momento, y los manuales para plantación de iglesia son bastante optimistas: "como 2+2 son 4, si haces esto obtendrás esto...", pero nunca te preparan para que falle, para que cierta gente no comparta algo contigo y se vaya, para el fracaso, para... el desierto.

Era el escenario perfecto para dejar todo y renunciar... pero no era lo que queríamos hacer.

Recuerdo que esa noche mirábamos una serie, ¿serían las 8:30 pm o 9? ¡No se! Pero mientras la tele flasheaba delante de mi un impulso extraño me asaltó: "si hemos hecho todo pero nada funciona, lo mejor que debo hacer es no hacer nada y... orar" (pensé). Y fue en ese mismo instante que decidí que ya no trataría más, que daría todo de mi, pero sin intentar algo nuevo, sin tratar de descifrar el problema y sin tratar de escapar del desierto. Y ya. Decidí que le entregaría el asunto a Dios de manera más radical, que clasificaría como obsoletos todos los libros de "qué debes hacer con tu iglesia", que dejaría de buscar fórmulas que "funcionaron" en otro lado, y que en vez de multiplicar mis esfuerzos multiplicaría mi tiempo en oración. Y eso hice... solté, me tranquilicé y... lo demás es historia. Recuerdo que puse en Facebook:


¿Qué aprendí?
Lo que siempre había leído en las Escrituras, pero esta vez de manera práctica: DIOS EDIFICA SU IGLESIA. Tomó algunos años, pero todo fluyó en el tiempo de Dios. Hoy puedo decir, cuando me preguntan: "¿qué has hecho para que esto o tal cosa funcione?", que no he hecho nada, que solo solté, y que todo lo que ha pasado ha sido obra de Dios... y cuando digo TODO, es TODO.
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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2 comentarios:

Vern Peterson dijo...

El comienzo del ministerio de Jesús no fue multiplicar el vino en agua. Lo primero fue el Espíritu Santo venir sobre él, recibir la aprobación del Padre como hijo amado, y vencer las tentaciones del diablo (en el desierto) de establecer su ministerio al estilo del mundo...

Anónimo dijo...

Uff brother, qué difícil ha sido a modo personal llegar a entender esto. No tengo un ministerio pero en lo personal dejar todo de mi vida en manos de Dios ha sido algo que me cuesta mucho hacer.
Llevo años vagando en esta tierra media con grandes desilusiones a cuesta y esas cargas a uno lo hacen más debil.
Me plantearé está meta para el 2019, no se se cómo empezar pero haré como tu, oraré más.
Un abrazo mi amigo y hermano.
EC