jueves, enero 30, 2014

25- Lo Que Me Ha Hecho El Anonimato

Hace ya un par de años, en medio de un tiempo sumamente loco y en el que estaba experimentando catarsis, decidí que debía tomar ciertos "votos". Uno de esos fue el de anonimato. Uno de los peligros al que uno se enfrenta constantemente en el ministerio es al orgullo, y es tan peligroso porque puede ser disfrazado de religiosidad o de una superioridad (no admitida, pero que casi todo el mundo nota) otorgada por el Señor. Todo aquel que ha estado trabajando en algún área del ministerio se enfrenta a eso.

Hoy en día los ministros con cuasi-rockstars. Pequeñas o grandes multitudes andan detrás de hombres y mujeres que hablan bien, hacen milagros y "conducen a la gente en adoración". En cierto punto en mi vida me preparé para ir en esa dirección. ¡Gracias a Dios que me di cuenta a tiempo que no es el camino que debía recorrer!  Así que, en un momento de este camino lo hice: voto por ser anónimo. Aclaro: no creo que esto es algo que todo el mundo deba hacer, ni que "Dios me lo reveló, y es la forma en que cada ministro debe desenvolverse." ¡Para nada! Creo que sería bueno y saludable que lo hiciéramos, pero no creo que la gente "debe hacerlo." Es algo bien personal.

Así que, he decidido no promocionarme:
ya no digo donde estaré predicando, como si la gente debiera saber y "aproveche" lo que tengo que decir...
o que otros sepan que tan activo estoy en mi agenda ministerial...
o si de otro país me invitaron a dar una conferencia...
si me elogian no lo promuevo...
no promociono mi persona como alguien que debe ser "recomendado"...

¿Qué ha ocasionado eso en mi? Me siento menos ansioso, he soltado los deseos de competencia, y he aprendido que "Si Dios no edifica la casa, los constructores pierden el tiempo haciendo su trabajo..." (Salmo 127:1), solo colaboro con El, es su obra, es su iglesia, entonces es su reconocimiento:
"No a nosotros, Señor. No a nosotros. Sino a tu nombre sea dada la gloria." Salmo 115:1
Así que, no me preocupa si soy reconocido o no, si alguna vez la gente me conocerá o no, ni estoy planeando estrategias alrededor de mi nombre. Paz, amor, gracia, son las consecuencias de ese tipo de decisiones. Seguro que mucha gente puede lograr eso sin votar por el anonimato, yo no: no confío en mi mismo a ese nivel.
Y eso, es lo que el anonimato ha hecho conmigo.
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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Foto Cortesía de Thomas Hawk

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