domingo, julio 14, 2013

Piensa 01

"Nadie cree nada al menos que primero piense que es creíble...
Todo lo que es creído se cree después de ser pensado...
No todo el que piensa cree, pues muchos piensan
con el fin de no creer; pero todo el que cree piensa,
piensa en creer y cree en pensar."

Agustín de Hipona

La vida que nos pide el Señor que vivamos, requiere que seamos activos. Cuando digo “activos”, me refiero a que, tanto nuestras facultades como nuestros sentidos deben estar envueltos en el proceso de seguimiento de Cristo, que es el que tiene como resultado nuestra transformación. Vivida con todo nuestro ser. Este proceso debe ser intencional e incluye que usemos nuestra cabeza.

Antes me preguntaba, ¿por qué la gente no piensa? Ahora no. Pero me sorprende que, a pesar de toda la tragedia que nos trae el no pensar, preferimos irnos por ese camino. Ah.. bueno... sí, ¿por qué ya no me hago esa pregunta? Mira, vivimos muy rápido, de una tarea a otra, creyendo la ilusión de que somos “multi-tasking”. Comida rápida, lecturas rápidas, pagos por internet, correo instantáneo, jugo instantáneo, relaciones instantáneas (alguien me acaba de ver por ahí y “quiere ser mi amigo”, en Facebook ¡por supuesto!)... Casi todos los pasos entre una cosa y otra han sido eliminados. No solo “no piensas”, sino que no tienes mucho tiempo para hacerlo.

Un ejemplo sencillo: estás en una fila de un restaurante de comida rápida, es la hora de almuerzo y, después de una mañana agitada, por lo menos te gustaría tomarte tu tiempo para elegir qué es lo que vas a comprar... ¡no puedes! tienes una fila de 20 personas que tienen solo una hora para comer y volver a su escritorio.

El siguiente fenómeno es típico de nuestros días que la gente sabe mucho pero piensa poco. ¡En serio! Puedes hablar con muchísima gente sobre casi cualquier tema. La información está a la mano, y unas cuantas personas les gusta estar “informado”.

¡Hey! ¿Cómo así? ¿Cómo una persona puede saber muchas cosas pero pensar poco? Bueno, creo que nuestra adicción a la información nos ha llevado al punto donde, gracias a la incontrolable cantidad de elementos informativos que recibimos, no nos de tiempo a pensar o reflexionar al respecto. “¿Será cierto?” “¿Cuánta verdad contiene esa frase?” Y, no solamente eso, cuando ciertos individuos se posicionan en calidad de “expertos”, pueden decir cualquier cosa por esa boquita y como el 90% de quienes los escuchen van a creer casi sin dudar y sin comprobarlo, que lo que esa persona dice es cierto.

El otro día alguien me pidió la opinión sobre cierto autor cristiano. Le dije, a sinceridad, que no leía ese autor porque al examinarlo de cerca entendía que había dedicado su vida a la crítica de otros y eso me molestaba un poco, así que no lo leía. Casi me da un derrame cerebral cuando esa persona me preguntó: “Si no lees a esa persona, ¿cómo te alimentas en conocimiento (¿teológico?)?” Hasta el día de hoy quiero pensar que no me lo dijo en serio, que me estaba relajando, pero... me parece que... no.

Información. Es bueno tenerla, pero nos está haciendo daño. Porque ya no tienes que pensar sino que lo único que tienes que hacer es leer o escuchar a otra persona que está pensando por ti.

Piénsalo bien: Miles de personas cada semana, aceptan lo que alguien les dice desde el púlpito como cierto, sin pensarlo dos veces, llegan a sus casas y no confrontan las palabras de dicho(a) tipo(a) con lo que dice la Biblia. ¡Peor aún! Ni siquiera lo piensan lo suficiente como para vivirlo.

Me pregunto... Esto si me lo pregunto... ¿cómo es posible que en un momento específico yo decida ser como Cristo sino trato de involucrar mi mente y mis pensamientos? ¿cómo someto mis pensamientos a Dios cuando estos no son parte de su voluntar para mi y no son más que parte de mi carne? Sino pienso, ¿cómo puedo comprobar lo que es bueno?
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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Foto Cortesía de Thomas Hawk

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