jueves, enero 03, 2013

23- La Perdida


"A veces parece que la vida no es más que una interminable serie de pérdidas. Cuando nacemos, perdemos la segura protección del seno materno; cuando empezamos a ir a la escuela, perdemos la tranquila seguridad de la vida familiar; cuando conseguimos nuestro primer trabajo, perdemos la libertad de la juventud; cuando contraemos el matrimonio o las órdenes sagradas, perdemos otra serie de posibilidades y opciones; y cuando envejecemos, perdemos nuestra buen aspecto, a nuestros viejos amigos y nuestro prestigio profesional. Cuando enfermamos o nos debilitamos, perdemos nuestra independencia física; y cuando morimos… ¡lo perdemos todo! ¡Y estas pérdidas forman parte de nuestra vida ordinaria! Pero, ¿quién vive una vida ordinaria?

De hecho, las pérdidas que se instalan profundamente en nuestros corazones y en nuestras mentes son la pérdida de la intimidad por culpa de la separación; la pérdida de la seguridad por culpa de la violencia; la pérdida de la inocencia por culpa del abuso; la pérdida de la amistad por culpa de la traición; la pérdida del amor por culpa del abandono; la pérdida del hogar por culpa de la guerra; la pérdida del bienestar por culpa del hambre, el calor o el frío; la pérdida de los hijos por culpa de una enfermedad o un accidente; la pérdida del país por culpa de una revuelta política; la pérdida de la vida por culpa de un terremoto, una inundación, un accidente aéreo, un acto terrorista o una enfermedad…”

Quizá muchas de estas pérdidas nos parezcan lejanas a la mayoría de nosotros, que tal vez nos enteramos de ellas a través de la prensa y la televisión; pero nadie puede escapar a las angustiosas pérdidas que forman parte de nuestra existencia diaria: la pérdida de nuestros sueños. Durante mucho tiempo nos habíamos creído personas afortunadas, apreciadas y profundamente queridas; habíamos aspirado a vivir una vida de generosidad, servicio y abnegación; nos habíamos propuesto ser compasivos, atentos y benévolos; habíamos soñado con ser personas conciliadoras y pacificadoras… Pero de algún modo —ni siquiera estamos seguros de cómo ocurrió— perdimos estos sueños… y resultamos ser personas preocupadas, angustiadas, aferradas a lo poco que teníamos e incapaces de hablar con los demás de otra cosa. Esta pérdida de espíritu es muchas veces la pérdida más difícil de reconocer y de confesar.
 

Pero, por encima de cualesquiera otras pérdidas, está la pérdida de la fe: la pérdida del convencimiento de que nuestra vida tiene sentido."
Henri Nouwen

Espero que no pierdas la fe. Espero que si la perdiste, la recuperes.
Paz.

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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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Foto Cortesía de Thomas Hawk

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