sábado, septiembre 06, 2008

EVANGELIO-TERAPIA Y UN PROBLEMA DE EXPECTATIVAS

Mi hermano, amigo, compatriota y (tristemente) amante de los 80s: Alexander Rodríguez, escribió un artículo frikiantemente aperísimo en su blog sobre algo que algunos han llamado “El Deísmo Terapeútico… etc”. A propósito de lo mismo que él comenta (desconocía totalmente este estudio) la forma en que venimos predicando el evangelio por años ha afectado la percepción que la gente tiene del cristianismo. No sólo eso, está y ha afectado la imagen que los cristianos tenemos aún de nosotros mismos.

Nuestros mensajes, nuestra música, nuestros libros (gracias a Dios no de forma totalitaria aunque desgraciadamente la mayoría), apuntan a la autoayuda como estrategia para atraer gente (es como si Dios activara el dios que está en ti, Gatorade y todo lo demás) y al psicoanálisis como forma de aconsejar. Cuando las expectativas que la gente tiene de Dios es como un agente de servicio que te arregla la luz, el agua, el gas, sana a tu abuelita, tiene excelentes tratamientos para la depresión, cura tu dolor de muelas, ferretería, se cura sinusitis con un paño sólo, y la iglesia como concierto musical y predicador motivacional, la decepción está a la vuelta de la esquina.

No es que Dios no pueda intervenir en ninguna de estas cosas, El lo hace porque ¿qué miércoles no puede hacer Dios? Pero cuando nos acercamos a El creyendo que los únicos problemas que tenemos son de índole material, emocional o psicológicos, de cierta forma negamos que somos pecadores y que mucho antes que nuestros problemas materiales, emocionales o psicológicos (incluyendo los de ferretería) esa era nuestra condición. Esa negación impide un arrepentimiento auténtico, más que nada dificulta la confesión (Salmo 32 es un texto del diesh sobre la confesión), que es indispensable como primer paso para una liberación genuina.
Como las expectativas que tenemos en la mayoría de los casos no se iguala a lo que Dios nos ofrece, la decepción y la deserción es más común que nunca. Claro, porque cuando no sabes en que caray te estás metiendo y después te saltan con otra cosa, tú dices: “¡E.. pérate! De eso no fue lo que hablamo´.”

Termino con la misma pregunta: “¿Qué carajos estás predicando?”
Bendiciones…

1 comentario:

Alexander Rodríguez dijo...

Hey, yo soy amante de todos los tiempos, no sólo los 80!!! Omnitemporal, papá!!

Me alegro que te haya estimulado lo que presenté!