jueves, mayo 25, 2006

¿LOS HIPPIES SON ARGENTINOS?

"No se preocupen por su vida…"
Jesús de Nazareth

Hay cosas que uno no ve todos los días. Hoy un halcón se paralizó en el aire, fue como ver “THE MATRIX VERSION ANIMAL PLANET”, la increíble naturaleza, su equilibrio. Parecía que lo estaba disfrutando. Así que volaba de no se donde hasta ésta (al parecer) corriente de aire y se detenía ahí. Estaba en casa de mi amigo John, y dice que este halcón hace esto todas las tardes, se paraliza (tienen que verlo porque es super increíble) para ver dónde está la comida y cuando ve la presa pues baja apresuradamente. Quizás él vea más televisión que yo, me refiero a John, pero prefiero pensar que este halcón se la estaba gozando. Son de esos momentos en que le quieres dar gracias a Dios, pero también es de esos momentos en que quieres ser un halcón, y es que la vida del hombre se hace tan complicada, y los estándares para ser “humano” son cada vez más altos. By the way, también los estándares para ser “cristianos” (como creo que escribí hace algunos días) también son cada vez más altos.
El problema es cuando ves que ni siquiera con esos estándares sientes que estamos llegando a ningún lado, y es como si el tiempo se hubiese paralizado para nosotros los cristianos, y aquí estamos, lo mismo, pero con ropas modernas (o postmodernas), nueva música, los mismos temas.
Salomón lo dijo, no hay nada nuevo debajo del sol.
Recuerdo algunas semanas atrás cuando estaba en Argentina, visitando a mi novia que será mi esposa porque ahora somos novios pero pronto nos vamos a casar. Y en una de esas tardes visité con algunos amigos una plaza (o parque) en la ciudad de Buenos Aires en un barrio que se llama San Telmo. Estaba con par de amigos con quienes siempre disfruto hablar porque me hacen sentir como que no estoy sólo. Es como que toda la vida sientes que eres Clark Kent, viviendo en Smallville, y crees que tu planeta está destruido y que obviamente eres el único que enviaron en una nave, caíste aquí en la tierra, te diste cuenta que no eres humano y de repente descubres que alguien vino de casa, de ese planeta (como se llame), y déjame decirte que cuando estás por ahí y alguien viene de casa es como que has estado en el desierto y este querido arabe-samaritano te regala un medio litro de Coca Cola super frío, nunca he estado en esa situación, pero así se siente. Así que, entre par de cafecitos y unas “medias lunas”, conversamos y hablamos.
Los hippies cubren parte de la plaza, es como si fuese su ciudad, o como Wolverine en casa de el doctor, aquel en silla de ruedas, que descubre que también hay otros tipos raros en la tierra. Es interesante como viven (los hippies, no los mutantes), venden par de cosas, consiguen el dinero y comen, y se visten y vuelven. De hecho, conocí a uno hace algunos meses en la zona colonial de Santo Domingo, que también era argentino. Le compré una pulserita y mientras le pagaba le preguntaba como era la vida que vive y esas cosas. Me dijo que había viajado como a 25 países, y que le faltaba poco para irse al otro, y que ganaba sólo lo que necesitaba para el día y prefería vivir una vida sencilla. No se las motivaciones que lo condujeron a eso. Para mi amiga Karla esto sería una tesis de psicología, para otros un fracasado ¿quién puede vivir sin ser profesional?, para muchos que lo ven por las calles junto a otros más: otro drogo, una amenaza para mis hijos…
Con mis amigos conversaba que interesante era que (poniendo a un lado lo del amor libre, las drogas, y la conexión con religiones ocultas) muchas costumbres hippies son las costumbres que muchos cristianos debemos de vivir. Y fijándome en el sermón del monte puedo ver el porque la depresión, el stress, la ansiedad y la opresión en muchos de nosotros: queriendo servir a Dios y creyendo ser libres todavía somos esclavos de este mundo.
Ellos (los hippies) me hacen recordar a Mateo 6:25:
"No se preocupen por su vida, que comerán o beberán; ni por su cuerpo, cómo se vestirán. ¿No tiene la vida más valor que la comida, y el cuerpo más que la ropa?"
El corre corre de la vida nos mata, nos consume, pero a la vez es lo que nos mantiene a nosotros más enfocados en el mundo que en Dios, al momento que venimos a adorar estamos tan tensos y cansados y ansiosos que no queda nada más que pedir.
Quizás pensemos que porque no vamos a una discoteca, o no bebemos o no usamos drogas o no nos juntamos con cierto grupo de gente nos estamos alejando del mundo, y quizás esos sean métodos alternativos que han funcionado muy bien a muchas personas, pero yo todavía me siento preso: ¿del legalismo? ¿de que no “haga esto” o “no haga lo otro”? ¡NO! Me siento preso de mi, de mis deseos, del mundo, de las cosas que quiero, que son las que me impiden ser un buen cristiano. De la comida, de la ropa.
A mi me dio mucha tristeza tener que recordar esto de los hippies, o recordar algunas cosas de las enseñanzas de Cristo por Gandhi, y no recibir ese ejemplo de mis hermanos cristianos.
Ahora mismo estoy como el halcón, suspendido en el aire, el lo hace para pasarla bien (aunque mi amigo John difiere de mi) yo porque no tengo más remedio.

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